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Las primeras casas del barrio del Carmelo datan de 1875. Eran segundas residencias de la época de ciudadanos de Gràcia, Barcelona, la Sagrera y el Poblenou. A finales del siglo XIX, el Carmelo se convirtió en un famoso espacio de recreo.
Hasta los años treinta, ya en el siglo XX, el Carmelo fue el clásico barrio de casas con huerto, pero la llegada en masa de la inmigración, procedente de diferentes lugares de España, cambió completamente la fisonomía del barrio. A finales de la década de los cuarenta y durante los cincuenta, se fue llenando de barracas y era frecuente la autoconstrucción sin permiso municipal. Durante los años sesenta, las inmobiliarias, amparadas en la no-actuación de la Administración, impusieron un paisaje de grandes bloques de pisos, a menudo construidos sin criterios de planeamiento urbanístico, situando casas de vecinos en calles sin asfaltar, muy empinadas y sin una correcta comunicación con el resto de Barcelona. Un ejemplo de ello es el llamado "barrio de las escaleras", que se extiende entre las calles Santuari, Calderón de la Barca y Llobregós.
En la década de los setenta, el ánimo de lucro inmobiliario provocó el aprovechamiento de los desniveles para construir más pisos de los permitidos, en forma de subterráneos excavados directamente en la montaña. Se fue ocupando todo el espacio sin ninguna planificación, llegando a casos como el de la calle Sigüenza, donde había un barranco de una veintena de metros de profundidad.
Con la llegada de la democracia, el Ayuntamiento de Barcelona, consciente de la necesidad de una lógica urbanística coherente y sensible a las necesidades y reivindicaciones de los vecinos y vecinas del Carmelo, puso en marcha un importante proceso de inversión y mejoras en el barrio. La aprobación de los
PERI del Carmelo, Bové – Passarell, La Taxonera y Llobregós – Hortal permitieron iniciar la erradicación del barraquismo y la dignificación urbana de este importante espacio de la ciudad.
La urbanización generalizada de las calles y posteriormente la reurbanización, con la ampliación de las aceras, la plantación de árboles, la renovación del mobiliario urbano, la construcción de aparcamientos y la instalación de escaleras mecánicas para facilitar el acceso a las calles con más desnivel, han vuelto a modificar la fisonomía del barrio, logrando mejorar la calidad urbana a la vez que la calidad de vida de sus vecinos y vecinas.
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